jueves, mayo 21, 2009

Hechizo

Este es el primer cuento que escribo como resultado de mis clases con Ramon Rocha Monroy......
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Cuenta la arquitecta que yo vine al mundo un 11 de Enero alrededor de las tres de la madrugada. Unas horas antes, el 10 de Enero, el doctor Abugder le comunicaba que yo arribaría a Cochabamba indefectiblemente a bordo de una cesárea y que había que esperarme atentos pues venia envuelto en un cordón umbilical.

Según recuerdo (y perdonen si me falla la memoria pues de esto ya hace muchos años) llegue muy pequeño y descolorido, con ánimos suficientes para ir directo al calor de una incubadora. Las enfermeras bromearon con mi madre pues era su intención el entregarme a ella en una caja de zapatos, tan pequeña era mi contextura. Unas horas después, y sin darme chance de tomar valor, me entregaban ya a la arquitecta para su escrutinio y reconocimiento maternal. Del resto no me acuerdo muy bien pues creo que estaba muy cansado por el viaje y decidí que era mejor dormir.

La arquitecta, que en ese entonces era solo una estudiante de arquitectura, decidió nombrarme Mauricio Alejandro. Mauricio pues porque le gustaba, o mas bien, porque era el nombre de moda, y Alejandro por un tío del mismo nombre. De mis apellidos, bueno, me llegaron los que se podían pues el autor biológico de mi existencia nunca me otorgo el suyo. Y es así que me convertí en Mauricio Alejandro Tapia Alba, hijo de la arquitecta y de un tal Luis o Fernando o Luis Fernando.

De los Tapias solo se que fue un quillacolleño de nombre Rodolfo Tapia quien vio los ojos verde-turquesa de su estudiante de matemáticas, doña Marina Alba, y decidió que le hacia primero una hija, mi madre, y 14 años después de ella un hijo, el tío Fernando. Extrañamente también decidió que jamás ejercería la profesión de padre para ninguno de los dos y por consiguiente, tampoco la de abuelo para mi. Aunque debo admitir que no se bien los pormenores de dicha relación.

De los Albas, la historia es un poco más interesante. Resulta ser que mi bisabuela Idelfrida Luna, una señorita también Quillacolleña, allá por los años de 1935 cautivo a un residente Aiquileño muy guapo, Don Juan de Dios Alba. Mi tatarabuelo, Don Trinidad Bonifacio Luna, el padre de la joven Idelfrida, por esas cosas de los padres y quizá por alguna diferencia de clases, estaba determinado a que la relación de Juan de Dios con su hija sea destruida a toda costa. Sin embargo, el tatarabuelo Trinidad, quien fue el primer calígrafo de la República, hijo de español y de quien se dice que para los matrimonios de sus otras hijas e hijos organizaba fiestas en las que regalaba libras esterlinas a los invitados, no pudo hacer nada cuando el enamorado bisabuelo monto a la bisabuela en un burro y la robo con destino Aiquile.

Aquí es donde nace el meollo del que les quiero comentar. Resultado de la abducción de Idelfrida, nace la abuela Marina, de quien ya les conté su desventura con el profesor Tapia. Parece ser que a Don Trinidad no le agrada mucho este hecho y de todas maneras rompe la relación consumada y niega el matrimonio a los enamorados. Ahora, mucho no se sabe del tatarabuelo, pero se rumorea que tan enojado estaba que hasta ciencias ocultas se añaden a nuestro drama.

Pasan los años y doña Idelfrida, que ahora cambia su nombre a Edith, conoce otro sujeto, chuta de nacimiento y de apellido Lujan y vuelve a engendrar otra mujercita, de nombre Laura. Curioso asunto, el Sr. Lujan tampoco opta por el matrimonio y la bisabuela es otra vez madre soltera.

Resumiendo entonces, tenemos a la bisabuela Idelfrida madre soltera dos veces, quien tuvo a su hija, la abuela Marina, también dos veces madre soltera, quien a su vez tuvo a la arquitecta, madre soltera de Mauricio Alejandro. Hasta acá y ya podría uno sospechar que la efectividad de las ciencias ocultas del tatarabuelo pueden estar jugando un factor decisivo en las vidas de mis antepasados.

Si están escépticos les comento que esto no acaba acá. El segundo Tapia hijo de don Rodolfo, el tío Fernando, quien nace 14 años después de la arquitecta, al salir bachiller se ausenta a México a estudiar ingeniería y conoce en medio de sus andanzas a una mexicana muy guapa y joven de nombre Gabriela. Por esas cosas del azar, el tío Fernando decide retornar a su país dejando a Gabriela en Mexico, solo para enterarse a su llegada a Bolivia que Gabriela esta embarazada. Ya se imaginan que paso? Si, Gabriela decide que no quiere venir a Bolivia, y nace Fernanda, hija de Gabriela, madre soltera.

Para que no queden dudas veamos que pasa 14 años después que nace Fernanda.

En una suerte de “chiripa” como diría algún cochala, al terminar mis estudios universitarios consigo una beca para asistir a Holanda. Durante mi permanencia allá, conozco a Margarita, una franco-ecuatoriana de lo más linda y amable. Por 4 años comparto con ella una vida llena de viajes y cariñosos eventos, y, determinado a romper la que ya solo puede ser considerada una maldición, decido casarme y así poseer la primera familia completa en la historia de los Lunas, Albas y Tapias. Unos meses después nace Ariana. Sin embargo, parece ser que Don Trinidad hace su tarea muy bien y la maldición entra en efecto una vez mas impidiéndome llevar a cabo mi sueño familiar. De improvisto, Margarita decide echarme de la vida de ella por razones que solo puedo especificar como inverosímiles.

Y así, una vez más, es Ariana quien ahora tiene solo la mitad de su familia. Me pregunto yo cual y cuan grande habrá sido el enojo de don Trinidad Bonifacio Luna para habernos atado a semejante infortunio y que casi 100 años después no podamos todavía escapar de él. Con todo supongo que hay luz al final del túnel y si un hechizo, maldición, trabajito o conjuro nos puso así, tendrá que ser uno similar el que nos libere.

9 comentarios:

El Putazo de la semana! dijo...

negro si clases hay q pasar para eso pues debo decir q estan bien pagadas, jaja interesante la historia, lo q si te debo decir q todo esto te pasa solo por q eres negro, jajaja en finpapi cuidate te veo en cocha.
P,D, llegaron los 2 libros no solo uno ya rreglamos detalles luego chauuus

Anónimo dijo...

Don Trinidad Bonifacio Luna es uno de los mejores nombres que he escuchado en un cuento. ¡Y lo mejor es que no es sólo cuento! ^^

Mauricio dijo...

Verdad Shariel, ...es un nombre bien fuera de lo comun...si tengo un hijo se llamara Trinidad :).

Gracias por el comentario Bas! ya te veo aca para sacar mas materiales para cuentos con tus patoaventuras!

Roco dijo...

Bien Grone... en un curso que hice me obligaron a abrir un blog al que le subí algunas huevadas que escirbí, algunas nuevas y otras viejas, así que me inicié en el bloggeo, me gustaría que le des una mirada en: http://grisdieciocho.blogspot.com/ y me avises qué onda. Besos viriles:
Roco

Mauricio dijo...

Dale Roco, ...ya me doy un tiempito pa leerte! Saludos!

Negro

Vania B. dijo...

Tremendo descubrimiento para mí el de hoy, genial blog.

Sobre el cuento, muy bien aprovechado el curso con Don Ojo de Vidrio, pero como que hay nomás talento innato. Si bien Don Trinidad Bonifacio tenía talento pata los males de ojo, parece que Mauricio Alejandro tiene talento para contar historias.

Ya me verás por estos lares mas seguido.

Saludos desde Chuquiago con lluvia.

Fonsi Clapton dijo...

Y sera que este maldito Trinidad Bonifacio Luna hizo el conjuro de manera que se les contagie a tus amigos?????. De todas formas hermano, me parece que las clases estan rindiendo buenos frutos.

Siempre hay una luz al final del tunel, tal vez este Trinidad era gay y estaba enamorado de Juan de Dios y la unica manera de romper el hechizo es que tu te cases con un hombre .....shit happens...nose. nose nose...es material para otra cuento, haz tu tarea.

Mauricio dijo...

Vania! se le agradecen las palabras lindas!!!.....me he puesto flojo en esto de contar historias, pero como decia un amigo, las expresiones mas bellas salen cuando el alma esta acorralada. Pues bueno, ahora la tengo muy contra la pared asi que haber que sale...

Fonsacho, ...esperemos que el hechizo sea genero-dependiente....

saludos! gracias por visitarme!

Fadrique Iglesias Mendizábal dijo...

Viejo, releo el texto años después y vuelvo a cagar de risa. abrazo